Manos a la obra

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Por Israel Zepeda.

Sergio Contreras es un nombre muy conocido en el ámbito del event marketing, BTL y publicidad, pues él está a cargo de una empresa que se encarga de construir todo aquello que las mentes creativas imaginan dentro de las agencias de publicidad. Es, en pocas palabras, una de las personas clave en el proceso de producción y éxito de un proyecto de comunicación comercial.

Con él laboran más de 50 personas, entre personal administrativo, de diseño, así como otras áreas como estructura, metal mecánica, maderas, fibra de vidrio, iluminación, corte de vinil, gráficos y escultura. 
“Tengo más de 30 años de experiencia en la industria de la producción, como constructor de escenarios, standsprops y todo lo que tenga que ver con el montaje de algún proyecto”, indica Contreras. “Pero como todas las buenas historias, todo comienza cuando era un simple cosedor de lonas. Comencé a trabajar a los 15 años en un taller del señor Agustín Gómez, en donde producíamos mandiles para Sanborns y vestíamos los camiones que tenía el dueño de la empresa”. 
Durante dos años aprendió el oficio, hasta que el dueño se fue a Europa y lo dejó a él como encargado del negocio. Fue así como se hizo de las primeras cuentas a su cargo, las cuales estaban conformadas por diversos restaurantes, como los Benny’s, los Hooligans y los Bennigans, que recién abrirían sus puertas en la zona metropolitana y necesitaba que alguien le construyera sus toldos. “Teníamos anunciado que hacíamos toldos, pero jamás habíamos hecho uno, por lo que nuestra labor al crear tantos en tan poco tiempo fue de aprendizaje totalmente empírico”, indica el directivo. 
Tiempo después le compra el taller al señor Gómez, con lo que comienza su historia como emprendedor y empresario. Por ello, decide adquirir una máquina de soldar, la cual no sabía operar. Debido a ello, contrata a quien hasta el día de hoy es conocido como “el Chaparro”, para hacerlo su experto soldador. Pero ni él sabía cómo conectar el moderno aparato (con un costo de 3 mil pesos que, en ese entonces, era un dineral). 
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“Te puedo decir con mucho orgullo que aún tengo a gente que, desde que entró a trabajar conmigo, hace más de 30 años, sigue conmigo. El “bananas”, Don Sabino, el “Chaparro”, Florentino y siete u ocho más están a bordo desde entonces. El “Bananas”, quien es mi experto en corte de vinil, era tragafuegos en la esquina de la primer bodega donde teníamos el taller. Como nos hacían falta manos, lo veíamos en la calle y le pedíamos ayuda. Nos echó una mano y que se queda a chambear. Y ahora me manda a mí a cortar, a plotear, a hacer su chamba, ¡¿Cómo lo ves…?!”, dice entre risas Contreras.
Al poco tiempo, decide incursionar en el negocio restaurantero, por lo que liquida a todos sus trabajadores y vende su taller. Pero después de un par de años en el negocio de la comida, se le presenta una nueva oportunidad de retomar su negocio original, por medio de unas máquinas para lavar alfombras. 
“Recuerdo que un señor de origen griego nos dio chance de limpiar una alfombra en uno de sus restaurantes que estaba en Río Tiber. En ese restaurante, laboraban mujeres muy guapas, tipo Angus y a mi aún me recordaban como “el ingeniero”, pues yo les llegué a hacer muchas estructuras, toldos, etc”, afirma el directivo. 
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“El caso es que la alfombra ya estaba muy maltratada. Decidimos que íbamos a salvarla, pues esa máquina era una maravilla. Entonces le metíamos jabón, por que la condenada alfombra no hacía espuma. Le dábamos más poder a la máquina. No salía espuma. Le echamos más jabón. Entonces, hora y media después, teníamos casi medio metro de pura espuma que no podíamos quitar.”
“¿Cómo intentamos quitarle el exceso de espuma? ¡Pues con más agua! A las 3 de la mañana teníamos un charcote inmenso. Obviamente la alfombra no aguantó y tuvieron que cambiarla. Tuvieron que cerrar ese lunes para cambiarlo todo. Obviamente no nos pagaron ni un centavo”, recuerda entre risas. 
Fue entonces cuando recibió un consejo que aún recuerda como si fuera ayer. “Llámale a tus clientes y retoma tu negocio de los toldos, no seas p3nd3j0″, le dijeron. Y así fue, con la ayuda de su socio Alejandro, su jardín, una camioneta y computadora prestados, retoma el oficio de la construcción de toldos. También llama a todos su anteriores colaboradores, quienes gustosos aceptan retomar el proyecto.  
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Alejandro, mi socio, como era un poco más versado en la tecnología que yo, comenzó a meterse en el negocio de construcción de stands, a hacer diseños para ellos”, indica Contreras. Y es así como se introduce de lleno en el ámbito del event marketing. Actualmente, colabora con más de ocho agencias y cuenta con 15 clientes con los que trabaja directamente.
Una de las anécdotas más queridas y curiosas que ha vivido como prestador de servicios para las agencias de publicidad, fue lo que vivió durante el estreno de la cinta Cars, en 2006. “Nos encargaron hacer una réplica del Rayo McQueen, por lo que recibimos los planos directo de Disney, quienes estaban muy atentos al proceso de construcción. Nos pedían fotos desde ángulos muy exactos para saber si seguíamos los parámetros adecuados. Fue un proceso estresante, pero de mucho aprendizaje para mi gente de diseño y construcción. Una vez que terminamos, nos dimos el lujo de darle mucho más detalle. Por ejemplo, en el caucho de las llantas, los amortiguadores, los ojos, la pintura… Pero lo más satisfactorio fue cuando el directo John Lasseter vino a México y no podía creer el nivel de calidad que los mexicanos le habían invertido al bólido rojo”, recuerda el directivo. Asimismo, indica que es una lástima que un trabajo artesanal que tan satisfechos dejó a todos en el taller fuera destruido al final de su vida útil. 
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¿Y qué planes tiene para el corto plazo? “Queremos darle más chamba al taller. Éste tiene 3 mil metros cuadrados y mantener un espacio así de grande es complicado. Por ello, vamos a abrir una página web en la que vendamos muebles y artículos con diseños únicos para uso particular. Siempre ando buscando ideas para generar más cosas que podamos hacer en este lugar”, finaliza. 

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