Siempre hacia adelante

Por Israel Zepeda

En todo bosque, los arboles más altos y frondosos son los que tienen las raíces bien arraigadas a la tierra; sus troncos, con metros de diámetro, les permiten alzarse altos y orgullosos, sin importarles la fuerza de gravedad, sin pensar en el qué dirán. Crecen, hacia el sol, con el respaldo de cientos de años en su haber, pues el paso del tiempo los hace más fuertes. En todo equipo de trabajo, comunidad, familia, siempre existe esa persona que tiene una función similar, de enseñarle a los demás hacia dónde y cómo crecer, pues los años invertidos en esto que llamamos vida, le han dado las cualidades suficientes para ser la voz de la razón, de historias, conocimiento y sabiduría. 



Baltazar García Méndez - o Baltita, como se le dice cariñosamente-, oriundo de Orizaba, Veracruz, es quien guía los pasos en LDMX. Nació en 1945, cuando una bomba calló las aspiraciones del Eje y forzó a los alemanes a rendirse ante los embates del ejército de la Unión Soviética. Tiempo después y ya en su adolescencia, decide que lo suyo está en otro lado, por lo que emigra hacia la Ciudad de México. "Quería vivir esa aventura, más por capricho que por cualquier otra cosa. Mi papá me había invitado a vivir en Jalapa, pero yo sabía que la verdadera acción ocurría en el D.F.", indica. 

Una vez en la ciudad, tuvo que buscar trabajo, lo cual se volvió un trabajo en sí, pues no contaba con especialidad de ningún tipo, ni con papel alguno que lo respaldara. Recuerda que mucha gente le pedía como mínimo una carta de recomendación y, al no conocer a nadie en la capital, la tarea se dificultó aún más. Fue hasta que conoció al ingeniero Agustín Irigoyen, quien se convirtió en su tutor y amigo. 

"Tuvimos que mentir en una carta de recomendación para que me aceptaran en el trabajo; ese documento decía que yo era ingeniero. Imagínate nada más, de la nada ya era yo todo un profesional..." recuerda entre risas Baltita. Asimismo, relata que días después fue contratado como el superintendente en una obra de silicatos de tiempo completo. Su primer conflicto ocurrió cuando lo llamaron para ver los planos de la construcción, del cual no entendía absolutamente nada. El ingeniero, al darse cuenta, invirtió cuatro horas de su tiempo en enseñarle el significado de cada uno de los símbolos, el plano eléctrico, tuberías, mecánico, civil. De esa forma aprendió los significantes de su profesión. 

"Ahí trabajé dos años, hasta que se terminó la planta. Con todo el conocimiento que adquirí sobre la distribución y el funcionamiento, me ofrecieron el trabajo de ingeniero y pasaría a ser el responsable de planta. Lo rechacé por que no quería seguir encerrado y era un compromiso mucho mayor. Además, había gente mejor preparada que merecía el puesto más que yo", señala. 

Después ingresó a Seguros Banamex, en donde laboró por poco más de un año, para después independizarse al montar su primer despacho contable. Su labor era realizar todo tipo de trámites, sobre todo lo relacionado con Hacienda, tesorería y negocios. Al paso de los años, se dio cuenta que eso de "arrastrar el lápiz" no era lo suyo y cambió su giro de negocios. 

Decidió dedicarse a la comercialización de productos, con lo cual colaboraba de manera cotidiana con personas de Grupo Cifra, que en ese entonces eran dueños de Aurrerá. "Comencé a resolver problemas para VIPS y al año ingresé al corporativo. Y la verdad, estar ahí era a todo dar. Yo estaba a cargo de todo el parque vehicular de la empresa, de la seguridad del corporativo en Cuajimalpa. Era el contralor de vehículos, hasta que el mismo subdirector del corporativo me dice “ya no quiero que estés aquí, ahora te vas al área de compras en Aurrerá”, en donde laboré tres años. En ese momento, Grupo Cifra hace negociaciones con Walmart. Fue en ese momento cuando yo me aparté, pues yo no trabajo para los gringos", menciona energéticamente. 

Con una excelente liquidación, decide iniciar un negocio de importación de réplicas de arte. Todo iba bien, hasta que se dio la crisis y devaluación del 94, pues se pagaba en dólares y el tipo de cambio lo hizo insostenible. "Perdí una casa y un condominio en ese entonces", recuerda García. 

Para recuperarse, se dedicó a la compra-venta de materiales deshechables (bolsas, platos, etc...). "Teníamos un torton con 15 toneladas de material. Resultó que nos costó 4 meses el distribuirla. Salíamos con dos camionetas de la capital de Puebla a los pueblos cercanos para vender el material. Nos costó mucho trabajo colocarlo, pero finalmente lo logramos", menciona. En menos de un año, lograron colocar cerca de 30 toneladas de producto, lo cual no le gustó a algunas personas que laboraban en el mercado establecido de productos de plástico. 

A dos años de haber comenzado este negocio, fue amenazado con armas de fuego. Al no querer poner en riesgo a las personas a su cargo, decide ponerle fin a ese negocio. 

Pero, poco tiempo después, asistió a una feria de maquinaría de impresión, lonas, iluminación. "Veo cómo trabaja un router de control numérico y me gustó el juguetito. Lo compré y no sabía cómo usarlo, pero estaba bien contento. En ese entonces mi hijo se vino a trabajar conmigo pues lo habían corrido de la escuela y qué mejor que se pusiera a trabajar con su papá", dice entre risas. 

Junto con su hijo Joaquín, comenzó un negocio de impresiones, sobre todo con agencias y empresas especializadas en eventos. Todo ese mundo le comenzó a llamar la atención y lo orilló a entrar más en temas y labores de carpintería, lo cual le encanta. "Todo lo que ganábamos lo invertíamos en material, maquinaria y herramientas. Queríamos que el negocio prosperara", recuerda García. 

"Hubo un momento en el que tuvimos que comprar cosas como impresoras de gran formato, cortadora de vinil… y es así como llegamos a la creación de Línea Diseño. Después conocí a Salvador Patiño, vimos que teníamos mucho en común, sobre todo en el ámbito profesional, hablamos sobre unir nuestros talentos y así es como nace LDMX", finaliza García

Actualmente funge como uno de los cuatro Managing Partners de LDMX; a su cargo está el taller de impresión, corte y carpintería. Además, gusta de preparar su propia mermelada casera, la cual suele acompañar por un café - si es elegido por él, seguramente es el mejor café que se puede conseguir-. Siempre tiene una historia qué contar, una enseñanza que ofrecer. Pero su mejor aportación al equipo es su vida misma, un ejemplo de que no importa qué tan adverso sea el presente, el futuro espera y siempre hay que empujar hacia adelante. Siempre. 


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