Caminante no hay camino


"Se hace camino al andar...", Joan Manuel Serrat.

Por Israel Zepeda

Desde muy pequeños, a todos nosotros se nos dice que nuestra principal obligación es estudiar, sacar dieces en los exámenes y aprobar materias, para así, algún día, cursar una carrera profesional que definirá el resto de nuestra vida, pues sólo así podremos llegar a ser "alguien". Pero algunos deciden que la escuela no es lo suyo. La mayoría fracasa y tiene que realizar trabajos miserables para vivir al día, para mantener a una familia, para ser un número más en las estadísticas de la pobreza, sin mencionar su propia miseria existencial. Otros más demuestran que sus ideales y objetivos son alcanzables, no importa qué tan ambiciosos pudieran ser. La escuela no es para todos y el éxito tampoco. Éste es de quien lo trabaja, de quien lo procura, de quien sabe cómo, cuándo y dónde se deben mover las piezas para que las cosas sucedan. Esta es la historia de Fabián Cardona.

A sus doce años, Cardona ignoraba qué es lo que quería hacer en este planeta, pero una cosa sí la tenía muy clara, la escuela no era lo suyo. Si bien siempre fue un alumno con excelente promedio, entendió que obedecer horarios y personas que le decían qué tenía que hacer para llegar a ser "alguien" en la vida no era para él, por lo que tomó la decisión de abandonar la cátedra cuando recién terminaba la primaria. "Obviamente eso no le agradó mucho a mis papás, pues nuestra situación económica nos colocaba en un contexto social de clase media (muy) baja, por lo que mi papá me dijo que si no pensaba estudiar, entonces tendría que trabajar. "Pues órale", le contesté, sin miedo. Fue así como a los doce años tuve mi primer empleo con un tío. Era cargador", recuerda Cardona

Pocos años después, al tener que hacer entregas en toda la Ciudad de México, tuvo que aprender el fino arte de conducir una camioneta de tres y media toneladas a sus escasos 14 años. Fue entonces cuando supo que la calle y él eran uno mismo, pues sus travesías laborales lo hacían visitar los cuatro puntos cardinales de la caótica CDMX

"Después trabajé como mecánico, luego con un herrero, con mi papá hacía trabajos de albañilería (él construyó la casa donde vive mi mamá). De hecho llegó un momento en el que tenía tres empleos, trabajaba en un estacionamiento, en un puesto de hamburguesas -que me quedaban bien ricas-, y además era parrillero los fines de semana. Trabajaba de lunes a lunes", indica. 

Cuando cumple 20 años recibe a su primer hijo. Entonces, se coloca en un depósito de cerveza, labor que compaginaba como mensajero y bartender en un pequeño restaurante. Cardona tenía la filosofía de que si podía con dos trabajos, podría realizar uno más. Pero siempre que se colocaba en una nueva empresa, analizaba qué tan lejos podría llegar y si éste futuro le convenía. De lo contrario, lo abandonaba. "Fue así que me coloqué como vendedor en Honda Satélite, pues siempre me han gustado los coches y los motores. Lamentablemente mi jefe decidió que ese no era mi lugar y ni el año cumplí en ese trabajo pues me dio las gracias y me tuve que retirar", detalla. 

Pero como bien dice Serrat, "se hace camino al andar". Y el sendero que había recorrido Cardona en años anteriores lo habían conectado con mucha gente que le ayudarían a construir un futuro que ni él mismo podría imaginarse. Pues una de sus amistades de la juventud, con quien solía reunirse para andar en patineta y rayar las paredes del barrio, era Gerardo Belmont, quien terminó por ser el manager de Roco, integrante de la agrupación Maldita Vecindad. "Amo la música. Sobre todo el rock latino. Escucho música en inglés pero tiene que ser muy melódica para agradarme. Recuerdo que mi primer cassette que compre fue uno de Brujería. Puro rock crudo machín. Desde entonces me rodeé de diversos géneros, como las cumbias, salsas. No discrimino cuando se trata de sonidos", comenta. 

Por ello, cuando Belmont lo invita a trabajar dentro del equipo de merchandising de la Maldita Vecindad no lo dudó ni un segundo. Su labor era crear las camisas y demás productos que se venderían en toquines y conciertos de la banda. Fue entonces cuando conoció a Iván Chávez, Gerente de Operaciones de una agencia llamada Punto Azul. Fue en esa empresa en donde conoció todo lo relacionado con el event marketing, pues hasta entonces sólo había participado en conciertos y festivales. Ahí conoció lo que es ingeniar, diseñar y armar un stand, organizar una convención, un congreso, una plenaria. 

"En un año aprendí todo lo relacionado con todo este mundo de la producción. Entré como un total ignorante y, al final, terminé por administrar a gran parte del equipo, sus presupuestos. Iván se apoyaba mucho en mi, me convertí en su mano derecha, pues gracias a toda mi experiencia en la calle, como cargador, parrillero, vendedor, etc., encontraba soluciones a todo. Fue hasta que pedí un aumento, pues consideré que mi paga no estaba acorde con mis responsabilidades, de nueva cuenta topé con pared, pues recibí una negativa y un "si no te gusta, ahí está la puerta". Entonces, pues a lo que sigue", señala Cardona

Al encontrarse desempleado de nueva cuenta, Belmont le presenta a José Anguiano, quien en ese entonces era Director de Producción en la agencia ifahto y lo incluyó en su plantilla de runners. "Punto Azul era una empresa muy pequeña, me di cuenta de eso cuando comencé a trabajar con ifahto. Mi primer evento con ellos fue una fiesta de DHL en el campo Marte. Estaba acostumbrado a montar, pintar, cargar, hacer talacha, por lo que cuando le pregunté al Kid qué es lo que tenía que hacer, me dijo "sólo ve de aquí para allá, checar que todo esté bien, regresas y me dices qué onda". ¡¿De verdad esto es todo lo que tengo que hacer?! ¡Estos cuates pagan más chido y por mucha menos chamba! ¡Qué maravilla...!", recuerda entre risas. 



Desde entonces su talento como runner se ha visto reflejado con diversas acciones y empresas, tales como 1er Nivel en Eventos, Mindwax, DSI, Minuto x Minuto, Tape Music, CREA, OCESA, entre otras. "Tiempo después Chava me contacta para contarme que dejaba ifahto para formar lo que hoy es LDMX. Me hace la invitación de participar con él en este proyecto y dada nuestra historia juntos en proyectos como el Abierto Mexicano de Tenis, acepto su invitación y ya va para un año que nuestras colaboraciones son cada vez más grandes. LDMX me ha dado cosas bien chidas, hemos integrado un gran equipo con una súper vibra que es a toda madre", finaliza Cardona

Salvador Patiño, Managing Partner en la firma de producción, siempre tuvo bien claro que quienes conformarían al equipo serían un dream team; los mejores de los mejores en cada uno de su ramo. Dada su experiencia, su carácter y su lealtad sin límites, Fabián Cardona era la opción lógica cuando fue momento de buscar al profesional que dominara las artes operativas de cualquier tipo de montaje y que entendiera que para todo problema existe una solución. Pues como productores de eventos, cuando de nada nos sirve rezar, caminante no hay camino, se hace camino al andar. 

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