It´s a beautiful day



Por Salvador Patiño.

Transcurría el año 2015. Era un viernes cualquiera. Soleado, ya que la primavera entraba y hacía mucho calor. De pronto mi teléfono suena, eran las 7:20 am. Del otro lado una voz ansiosa me pregunta, "¿Vas a querer o sólo vienes a ver?". Expresión usada por Israel Zepeda (original de Jerry, uno de los creativos), lo cual sólo significaba que el día ameritaba una orden de chilaquiles verdes con pollo acompañados de un jugo de naranja, obvio muy grande, el cual compraría para esperarme a desayunar en el comedor de aquella oficina ubicada en la Torre Blanca en Santa Fe.

Por todo esto mi única reacción era salir lo más pronto posible para llegar y poder convivir, platicar y planear mientras desayunábamos durante la mañana antes de iniciar el caos que seguro estaba por venir; en nuestra profesión este tipo de momentos son escasos ya que por la velocidad de las cosas estamos obligados a realizar todo rápidamente. Pero estos momentos sin duda alguna marcan el destino de nuestras vidas, son estos momentos en los que nacen las grandes ideas y se planean las mejores acciones.


"Cursé la carrera de Comunicación y Periodismo en la FES Aragón de la UNAM. Digamos que mi proceso de titulación se encuentra en eso, en "proceso". Cuando comencé a planear mi servicio social, me enteré que las empresas no quieren recién egresados, sino a gente con experiencia. Eso cambió mis planes, por lo que gracias a un muy querido amigo, Arturo de Albornoz, logré colocarme en la revista Merca2.0, como editor de sección. Ahí fue en donde comenzó mi recorrido en el mundo del marketing, publicidad, event marketing y demás agnlisismos. Asimismo, durante mis dos años en esa empresa conocí a muchos de los protagonistas de la industria, como Fernando Famanía, quien en ese entonces tenía como puesto Director de Marketing en la agencia ifahto", recuerda Zepeda

De vuelta al viernes de chilaquiles, Israel y yo nos contemplábamos la televisión de aquel comedor y cuando nos preparábamos para levantarnos e irnos a nuestros respectivos lugares Godin le dije, "¿Qué crees...? Me voy de la compañía". Recuerdo que me volteo a ver fingiendo sorpresa puesto a que este señor sabía todo antes de que sucediera; era un tema que ya habíamos platicado antes en otros momentos y se vislumbraba como un futuro utópico pero no cercano, pero ese viernes se hizo oficial, Israel lo sabía y ese mismo día se haría del conocimiento de todos los que trabajábamos ahí. 

Cínicamente me dijo "ya lo sé". Fue en este momento me di cuenta que el cuate con el que había compartido muchos desayunos y largas platicas tenía que ser parte de lo que le había platicado como un sueño. Por un segundo recordé de golpe todo lo que platicamos por largas horas en viajes, eventos y visitas Godin al centro comercial. Recordé que Israel es un cuate que fue criado por su abuelo, de quien aprendió plomería, albañilería, carpintería y que tenía una creatividad inmensa encerrada, además de que tenía tantas ganas de hacer muchas más cosas. (Y que hoy es un padre admirable, pues en ese momento Bebocho apenas estaba en el horno, pero yo ya sabía que lo sería). 

"Ahora que miro hacia atrás, bien pude haber sido una persona con muchos problemas emocionales y muy conflictivo, pues la familia donde fui criado no era la "natural" -como muchos ignorantes creen que debe ser-. Mis abuelos maternos se hicieron cargo de mi desde que tenía 7 años. Es gracias a ellos, a su esfuerzo y paciencia que pude aprender un idioma extranjero desde muy pequeño; me dieron oportunidades que mis tíos y y madre jamás tuvieron; mi abuelo es una persona que siempre tiene algo que hacer y trató de inculcarme eso al enseñarme desde cómo barrer y limpiar el patio hasta levantar una pared, colocar la instalación eléctrica, la plomería, cambiar una llanta, entre muchas otras cosas más. Es mi gran maestro y a quien le debo no ser un completo inútil", señala Zepeda

Conocía su historia y pensaba en mis adentros, "confío en él, somos amigos", sabia que definitivamente yo iba a ser quien desatara todo ese potencial. Me di cuenta que tenía mucho que aprender, además de todo lo que este cuate calvo y mal hablado me tenía que enseñar mucho a mi -y al resto del equipo que tenía en mente- para ser parte de esta etapa de vida. Todos estos pensamientos inundaron mi cabeza ese viernes, el cual fue definitivo para lo que hoy en día hemos logrado juntos como equipo y familia en LDMX

A poco más de un año después, se incorpora a la firma de producción y el cohete despega, las ideas, discusiones, riñas y risas comienzan; la planeación y las ideas no paran. Hay tanto por hacer, tanto por descubrir. Tanto por delante.

"Fueron cinco años los que viví, comí y respiré todo ese mundo que antes sólo experimenté a través de asistir a los eventos y acciones que atestiguaba como espectador. El cambio de ser medio a ser parte de los protagonistas fue rotundo, un giro mental que tuve que digerir pronto, pues como me lo dijo el ahora Co-CEO de ifahto, "Esta es la industria de la velocidad. Todo debe ser rápido y eficaz. No hay cupo para errores y si la riegas, lo resuelves aún más rápido". Tuve la fortuna de colaborar y ver de primera mano el trabajo de los mejores productores, creativos y diseñadores en toda la industria. Es gracias a ellos, a su trabajo y a su confianza que decido tomar la oportunidad que Chava me presenta cuando me abre las puertas de LDMX, a construir algo que tal vez no era nuevo, pero sí muy diferente", indica el periodista, quien ya dio sus primeros pasos como productor de eventos.

Y como en toda producción, comenzó la planeación de esta empresa que estaba por nacer desde el más profundo de los sueños, la base, la magia y la fortaleza sería la de las personas que integrarán esta secta (como le dice con ironía Ana Paola).

Dos años más tarde volteo atrás y veo todas las cosas maravillosas e inmensas que se han logrado y que han sido gracias a todo el equipo probando que la pasión que nos rodea por esta profesión y la amistad que nos une son una combinación única que hace que un grupo de individuos con una meta en común sean imparables. Aún hoy Israel me enseña algo todos los días en cada momento que compartimos tanto, que este escrito que hoy le dedico es debido a mi profunda admiración por su trabajo, talento y para enseñarle que yo también puedo (¡Jajajaja...!), no tan bien como él pero me esforzaré más ya que me ha contagiado el querer expresar de forma escrita todo lo que nos acontece. Definitivamente ese viernes cambió mi vida y mi entorno y desde entonces cambia todos los días.

Israel Zepeda. Gracias.


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