Adventure of a lifetime



Por Israel Zepeda

Desde hace varios años existe una campaña social cuyo objetivo es hacer de México un país más culto, con más lectores. Los esfuerzos para lograrlo incluyen la apertura de este sector y permitir que todas las personas que así lo deseen tengan acceso a piezas y exposiciones únicas. Asimismo, la academia ha adoptado nuevas carreras que satisfacen la necesidad de una juventud cuya inquietud creativa los coloca como las promesas del arte contemporáneo en nuestro país y el mundo. Tal es el caso de la Universidad de la Comunicación, la cual tiene en su oferta educativa la carrera de Comunicación y Gestión de la Cultura y las Artes, una oferta curiosa y muy necesaria en nuestros tiempos, en donde la demanda de cultura se ve limitada por la oferta de quienes la conocen y la manejan. Es entonces que entran en escena personajes como Paulina Flores, quienes asumen la responsabilidad de terminar una carrera como esta y, además, encontrar una oportunidad laboral en un sector que, si bien está en crecimiento, carece de madurez. 

En un inicio, Flores decidió entregar su vida a las leyes, por lo que entró a la Universidad Panamericana a estudiar Derecho. Como todos sabemos, esta institución está regida por corrientes religiosas, mismas que a veces permean a través del profesorado. Al ser Paulina una mujer con pensamientos liberales, durante los primeros tres meses en esa universidad se encontró que nadaba a contracorriente, pues sus ideales y pensamientos acerca de temas sensibles, como el aborto, se encontraron en curso de colisión con las formas y fondos de algunos profesores. "Encontré el bullying insoportable, por lo que me di cuenta que ese no era mi lugar y que el derecho realmente no era lo mío. Así que decidí abandonar la carrera y a la UP", admite. 

Esto la llevó a buscar una oportunidad en la UDEM, en Monterrey. El modelo de este colegio era más parecido al que tiene lugar en Estados Unidos, pues cuentan con dormitorios dentro del campus. Esto le agradó a Flores, por lo que comenzó a cursar la carrera de Comunicación en esta institución. Pero justo en ese tiempo la violencia en Monterrey escaló a niveles insospechados, gracias a la estrategia anti narcóticos del presidente en aquél entonces, Felipe Calderón. Ella recuerda que aparecían decapitados por todos lados y su madre, espantada, le pidió que regresara a la Ciudad de México. Dejó atrás a la que en sus palabras es "la escuela más fresa en el planeta", pero se llevó consigo la inquietud de continuar sus estudios sobre comunicación. 

"Desde pequeña mis papás me inculcaron el gusto por el arte y siempre ha sido de mi agrado. Sobre todo mi papá, él me llevaba a obras de teatro, a museos, exposiciones... mi Disneylandia era ir a visitar las pirámides. A mi me fascinaba todo eso. Crecí a la par que admiraba expresiones culturales en todos lados, por lo que se puede decir que el arte siempre ha sido parte de mi de una u otra forma. Por ello, cuando regreso a la CDMX y una amiga me recomendó que checara las carreras que ofrecía la Universidad de la Comunicación y encontré la carrera de Comunicación y Gestión de la Cultura y las Artes, fue como un sueño hecho realidad. Fue un momento de iluminación", recuerda Flores. 

En esta carrera aprendió de todo, desde la historia del arte, las bases de la comunicación hasta la gestión de proyectos culturales. La mayor parte de la teoría se trataba de administración, pero enfocada a la cultura, a la creación de museografías, curadurías, instituciones y proyectos culturales, etcétera. Debido a ello, amó cada segundo de su vida en la universidad, aunque al terminarla, descubrió que colocarse en el ámbito laboral no sería sencillo. "Ningún empleador publica vacantes de "gestor cultural"; si bien ya existe cierto respeto y reconocimiento hacia este tipo de actividades, aún es complicado encontrar un empleo enfocado a nuestro perfil. Además, al día de hoy es muy mal pagado", relata. 

Al poco tiempo de terminar su carrera encontró trabajo dentro de una galería de arte en San Ángel. Durante año y medio se dedicó a la venta de artículos y piezas que, si bien le requería mucho de su entrenamiento como historiadora, el público al que va dirigido este mercado es un tanto especial. A veces saben mucho, a veces nada, tanto de quienes firman las piezas como de las obras en si. 

"Trabajaba de lunes a domingo, no tenía descansos y no era bien pagado. Todo ello terminó por cansarme, por lo que renuncié. Entonces llegó una "etapa negra" en mi vida, pues al no encontrar un trabajo acorde a mis estudios, tuve que aceptar un puesto como asistente en una firma de abogados. La paga era buena, pero me sentía muy mal al no poner en práctica mi carrera. Me sentía horrible, pues pues tomé la chamba por necesidad, no por gusto o por que me representaba un reto profesional. Por ello sólo estuve seis meses en ese empleo y si bien no me la pasé tan bien, aprendí cosas más operativas y de organización, como el uso de excel", detalla Flores


Fue entonces que encontró que Cultura Colectiva buscaba a un director de galería. Este sitio web con millones de usuarios quería entrar de lleno al ámbito del arte alternativo y poner a su disposición un espacio en donde exponer sus obras. Paulina acudió a la entrevista y esa misma semana comenzó a trabajar. Hacía lo que quería, conoció a muchísimas personas, artistas, herramientas y, sobre todo, tenía toda la libertad para proponer cosas nuevas al principal público del medio, que son millennials y hispters durante el 2016. El sueño terminó cuando la empresa decidió enfocar sus esfuerzos en la producción de video, por lo que cerró la galería y, una vez más, Paulina estaba desempleada. 

Pero una de las personas que conoció durante su estadía en el despacho legal fue Triana Parera, con quien volvió a compartir experiencias dentro de la galería de Cultura Colectiva. Fue Parera quien le presentó a Ana Paola García, managing partner de LDMX, con quien hubo un clic inmediato. "Me platicó sobre el proyecto, el artketing y de cómo mis conocimientos y contactos podrían sumar a la firma de producción. En ese momento aún trabajaba en el medio, por lo que cuando termina mi relación con ellos y después de hacer mi viaje soñado a Japón - fueron tres semanas en donde disfruté de su cultura, la cual amo -, regresé a México y acepté la oferta de la managing partner", recuerda Paulina

Desde entonces ha colaborado en varias acciones, sobre todo instalaciones de piezas artísticas en centros comerciales de la mano de Sandra Río de la Loza. "La vida te lleva a lugares insospechados. Jamás me imaginé estar involucrada en este tipo de esfuerzos y menos en centros comerciales, pero ya le tomé el gusto. De hecho, estos venues son las nuevas galerías de arte, tienes a miles de personas todos los días de visita y el exposure es brutal; existen miles de nuevas plazas, lo cual es excelente para nuestra oferta para con las marcas", señala. 



A sus 27 años, Paulina Flores puede presumir que tiene en su haber contrastantes experiencias que suman a su vida, pues le permiten tener un mejor criterio, no sólo para cuando se trata del arte, sino para su nueva labor como experta en instalaciones y artketing en LDMX. Sus sitios favoritos son el Museo Jumex, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo y la Cineteca Nacional, sitios a los que suele acudir sola o acompañada. "Son mis lugares sagrados, los amo por que me permiten estar cerca del arte; amo mi trabajo en la firma de producción pues soy libre de hacer lo que amo y de tener tiempo para gozar de lo que me apasiona... ¡Me encanta lo que hago!", finaliza quien, en dos días, exactamente, se sumará a la fila de licenciados en México

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