Con el puño en alto



Por Israel Zepeda


Estos días han sido difíciles para México. Son difíciles aún. Quienes solíamos tomar un sismo como algo sin importancia al considerarlos un hecho aislado que ya no tendrían por qué dañar a una sociedad que supo salir de una catástrofe provocada por un movimiento telúrico fuimos de los primeros en tomar las herramientas y responder al llamado de aquellas personas que se debatían entre la vida y la muerte debajo de sus propias casas o escuelas. En los medios resuena el mismo canto de hace ya más de 30 años, "la sociedad civil respondió con mayor prontitud e intensidad que el propio gobierno", pues en las zonas de desastre se encontraba la mayor concentración de personas que ni un partido de futbol o evento masivo soñaría en reunir. 


Profesionistas, estudiantes, pasantes, retirados, hombres, mujeres. Acá no importaba tu preferencia política, sexual, tu raza, religión ni mucho menos el barrio que te respalda. Lo único que necesitabas era tener la intención de ayudar, de poner tu granito de arena a través de tu experiencia, tu fuerza física, tu capacidad de organización y liderazgo. Lo que importaba era ver cómo demonios sacaríamos a las personas atrapadas debajo de toneladas de escombros que no soportaron el más reciente sismo de 7.1 grados

Con el corazón en la mano, estas palabras que hoy me atrevo a publicar nacen directamente de todas las emociones que surgen al atestiguar la unión tan inexplicablemente perfecta que nos hermana desde la noche del martes 19 de septiembre, son para ti. 


Para ti, que sin importar la falta de corriente eléctrica abriste las puertas de tu casa para recibir a cientos de desconocidos y les ofreciste una taza de café caliente, unos minutos de merecidísimo descanso, un modesto almuerzo, unas palabras de aliento o un muy necesario abrazo para recobrar el espíritu y continuar un par de horas más... 

Para ti, que dejaste la comodidad de tu casa, tomaste tus herramientas, sorteaste el tráfico y el caos de la ciudad para llegar a esa zona que tanto necesitaba de tus manos, de tu energía, de tus ganas de salvar vidas...

Para ti, que la edad no fue motivo para ignorar el problema y preparaste cientos de almuerzos para cientos de desconocidos. Sandwiches, aguas, frutas, sopas, barras energéticas, todas bien acomodadas en canastas y, lo más importante de todo, con toda la buena intención que eso implica...



Para ti que sin importar que aún no tienes edad para votar organizaste el tráfico mejor que cualquier policía de tránsito. Y lo más importante, tu garganta jamás se cansó aún cuando sólo podías gritar indicaciones...

Para ti, que la fama y la popularidad que sólo la TV abierta te ofrece no te impidió que estuvieras al pie del cañón durante horas, dispuesta a correr, platicar, atender, buscar, ayudar... 

Para ti, un humilde albañil, que sin pensarlo dos veces te pusiste a apuntalar las construcciones y las zonas afectadas, sin equipos de seguridad, sin cascos, sin chalecos, sin guantes o botas, pero con toda la experiencia y conocimientos en construcción que sólo alguien como tu puede ofrecer...

Para ti que el uniforme y la disciplina te mantienen firme frente a la adversidad; cuyo entrenamiento es un ejemplo de entereza pero que no puede evitar conmoverse cuando una vida es puesta a salvo... 



Para ti, que organizaste a tu familia para juntar recursos y así adquirir materiales, herramientas y suministros que, minutos después, dejarías en un centro de acopio para que fuera llevado a donde más se necesitara...

Para ti que usaste tu motocicleta para evadir el tráfico de la ciudad y así repartir insumos, medicinas y apoyar así con los pendientes más urgentes...

Para ti que diste un abrazo fraterno a quien lo necesitaba, sin distinción de edad, género, posición social; que diste palabras de apoyo y consuelo a quien su mundo se había hecho pedazos...

Para ti que buscaste la forma de ayudar, te organizaste y saliste a la calle, sin hora de regreso a casa... 



Para ti que el cansancio es sólo un estado mental, pues ya estas listo para apoyar a los estados damnificados en el interior del país...

Para ti que decidiste que ese gusto por el que tanto ahorraste lo podrías conseguir después y donaste todo ese dinero a quienes más lo necesitan...

Para ti que creaste albergues para cuidar a todas las mascotas perdidas durante el caos... 

Para ti que regalaste tus tamales a todos los voluntarios y rescatistas...

Para ti que no tenías nada por ofrecer más que un trompo de carne al pastor...

Para ti que viajaste desde Asia, Sudamérica y Europa para ayudarnos...

Para ti que desde tu país nos tienes en tus oraciones y pensamientos... 

De corazón, gracias. Mil gracias


Créditos de foto: Buzzfeed.com, Getty Images

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