Sa vie en rose



Por Israel Zepeda

La migración es parte natural de los seres vivos. Algunos, como los pájaros, vuelan miles de kilómetros con el cambio de temporadas; otros, como las mariposas monarca, recorren tres países para reproducirse y continuar con una tradición milenaria; el mismo ser humano tiende a olvidar sus raíces sedentarias y recibe el llamado de cambiar sus aires, sus tierras, sus sabores por experiencias total y absolutamente nuevas. Ejemplos de mexicanos que la hacen en grande en otros países sobran y no podríamos estar más orgullosos de ellos. Y siempre, en el pináculo de su éxito, cuando se les pregunta qué les hace falta, casi siempre es un factor común el que recuerden con cariño a su país, a su tierra que tanto les hace falta. Algo tiene México que nos marca, nos enamora, nos apasiona y nos llama de regreso. ¿Verdad, Isset

A sus 37 años, Isset Águila ha vivido todo tipo de experiencias en dos continentes diferentes. Primero cambió los aires contaminados de la Ciudad de México cuando su familia se mudó a Guadalajara por cuestiones laborales de su papá. Fue allá en donde estudió Comunicación en la Universidad Autónoma de Guadalajara. Al terminar sus estudios, regresó al aquél entonces D.F. "Mi sueño frustrado era dedicarme a ser artista. Cantante, actriz, desde muy pequeña siempre quise entrarle a todo eso. Era mi sueño, pero cuando llegó el momento de elegir una carrera descubrí que me gustaba todo este asunto de la producción, el backstage y también me dieron ganas de estudiar diseño de modas. Me atrae mucho la creatividad, los colores y todo eso", indica Isset

De regreso a la ciudad pudo satisfacer sus deseos actorales al obtener un pequeño papel en una obra de teatro en una compañía independiente. Al mismo tiempo que interpretaba su papel en la puesta en escena (Bernarda Alba), ocupaba su tiempo libre en repartir CVs a diestra y siniestra, hasta que por una recomendación logró colocarse como voluntaria en una fundación enfocada al cáncer de mama. La presidenta de esta organización era Alejandra de Cima, ex esposa de Emilio Azcárraga Jean, CEO de Televisa.

"Entré como voluntaria y, al cabo de unos meses, decidieron contratarme. Eso me obligó a dejar por completo los escenarios y me dediqué por completo a la fundación. Me gustó muchísimo pues conocí muchas cosas nuevas como voluntaria, pues ayudaba a todo el mundo con todas las cosas; después, debido a mi trabajo y compromiso, me dieron la coordinación de medios. Recuerdo que había muchos medios que siempre buscaban una entrevista con la presidenta... tiempo después llegué a coordinar algunos eventos, lo cual también representó un aprendizaje muy padre. Así estuve durante tres años, aunque admito que la carga emocional era demasiada", recuerda Águila

Fue el contacto con los pacientes y su responsabilidad de responder correos y el sitio web lo que le pegó en el lado emocional, pues conocer las historias de tantas personas afectadas por esta enfermedad la impactó. A esto se le sumó que el ambiente laboral dentro de la organización no era el más positivo, pues había poco respeto hacía los empleados por parte de los directores. Todo ello derivó en su renuncia, pero aunque ella se alejó de ese ambiente, tuvo que retomar contactos de esa experiencia, pues al poco tiempo de su partida su madre fue diagnosticada con cáncer de mama. 

Al poco tiempo recibió otra invitación para trabajar en FUCAM, en donde se hizo cargo de los eventos, el contacto con medios, entre otras cosas. Pero al poco tiempo ocurrió algo que la hizo retirarse, no sólo del ámbito laboral, sino también de nuestro país. "Antes de renunciar me fui de vacaciones a Francia durante dos semanas. Durante ese tiempo, unos amigos me presentaron a quien hoy es mi marido. Como él sabía inglés, era una de las personas con la que tuve más contacto cuando estuve por allá. Cuando regresé a México, seguimos en contacto a través del messenger - ¿Se acuerdan?-. Después, él vino de vacaciones y ahí fue donde la amistad se convirtió en algo más y comenzamos una relación. Es entonces que decido renunciar, tomarme un tiempo para mi, casarme y cumplir otro sueño que tenía, vivir en Francia", indica. 



Pero esa transición, aunque deseada, no fue lo que esperaba. Llena de ilusiones, estudió el idioma, las películas, la comida, todo. Pero se encontró que el ambiente, tanto social como laboral, era muy extraño. Al ser una extranjera, ninguna agencia de empleos quiso tomarle en cuenta toda su experiencia de trabajo y sólo le ofrecieron un puesto de maestra de español en la misma escuela en donde su marido aprendía el mismo idioma. Ella aceptó, mientras esperaba que la situación mejoraría poco a poco, pero sorpresivamente sólo encontró rechazo por parte de otras maestras que ahí laboraban. "Llegaba muy triste a casa y me sentía muy mal. Fue un bajón tremendo. Tenía tantas ilusiones de hacerla en grande por allá y sólo encontré tristezas, desilusiones y siempre me sentí ajena a esa ciudad que, aunque hermosa, no era mía...", señala Isset

Durante siete años impartió cursos del idioma español. Esa labor no la llenaba, pero le daba la oportunidad de conocer gente que, afortunadamente, le hizo más amena su estancia en ese país. Sus alumnos eran niños de 11 años hasta adultos de 40 que estaban interesados en aprender el idioma. Claro que, aunque ella habla perfectamente el español, no significa que enseñarlo fuera igual de sencillo, pues la pedagogía no se les da a todos. Con sus complicaciones, al final logró salir adelante y ajustarse a esa vida. 

Más nunca olvidó su país. Jamás se sintió más francesa que mexicana. Visitar otro país durante tanto tiempo pone todo en perspectiva, nos hace ver quienes somos en realidad. Y de lo que se dio cuenta Isset es que su futuro no se encontraba en la ciudad luz. "Me gusta mucho ese país, lo amo, pero es un amor de esos que es mejor de lejitos. Incluso todas las mexicanas que conocí que vivían ahí mismo anhelaban on todas sus fuerzas regresar a México. Fue entonces que me di cuenta que tenía que regresar a mi país", comenta. 

Una vez que lo habló con su marido, inició los preparativos para volver a su nación. A esto se le sumó la invitación laboral que Ana Paola y Salvador Patiño, managing partners en LDMX le hicieron desde hace años, antes de que la firma de producción tomara la forma que tiene ahora. Con este ofrecimiento y el apoyo total de su marido, quien en cuestión de meses se instalará también en tierras aztecas, Isset pisó suelo mexicano el pasado 27 de junio y piensa quedarse por mucho, mucho tiempo. 


"Me encanta lo que hacemos en LDMX. Mi primer evento fue con Instagram y la pasé muy bien. Disfruto mucho las desveladas de 48 horas, ir de allá para acá, cargar, correr, organizar... el estrés que se siente es muy emocionante. Estoy muy agradecida por la oportunidad y por la confianza que me dieron Chava y Ana Paola. Quiero quedarme aquí por muchos años y aprender todo sobre la industria de la producción, así como ofrecer todo lo que esté de mi parte para hacer que la empresa siga en crecimiento. Además, me encanta el ambiente tan cercano que tenemos todos, es muy familiar. Somos como mueganitos", finaliza Águila

El camino de Isset ha sido largo y sinuoso, pero necesario para que ella descubriera quién es en realidad, de lo que es capaz y qué es lo que quiere en la vida. Siempre ha seguido a su corazón y no piensa cambiar, pues eso la ha tenido en movimiento, tanto dentro de nuestro país como en Europa. Hoy, está de regreso en México y se suma al equipo de LDMX como parte del equipo de administración y producción. Bienvenida, esperamos disfrutes este nuevo viaje. 

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