¡Vivas las queremos!



Por Isset Águila, Ana Paola García e Israel Zepeda.  

En un mundo perfecto las palabras "equidad de género" no deberían de existir, pues no habría por qué encontrar explicación ni razón alguna que justifique o describa que una mujer tiene la misma importancia que un hombre, pues esto tendría que estar entendido desde la cuna. No es un pensamiento revolucionario del siglo XXI, ni mucho menos una corriente extremista de una secta feminista. Es un hecho que desde hace cientos de años ha sido pisoteado, ignorado y deshechado por una sociedad que se escuda en tradiciones arcaicas, creadas por figuras masculinas para mantenerlos en el poder económico, político, social y religioso. El mismo con el que nuestra sociedad está fundado pero, el día de hoy, es necesario interrumpirlo, detenerlo y erradicarlo. Si bien México nunca ha sido un ejemplo internacional sobre el derecho de la mujer, es momento de mirar a nuestro alrededor y aceptar que, si queremos un cambio, éste tiene que comenzar por todos y cada uno de nosotros. Y debe ser ahora. En los últimos meses, los medios de comunicación reportan el asesinato de una estudiante, de una madre, de una profesionista. Y todas ellas tienen en común que son mujeres que se subieron a un taxi, que salieron a bailar,  del trabajo y corrieron con la "mala suerte" de estar a la hora y en el momento equivocado. 

"Si no quieren que les hagan algo que no salgan de madrugada", "No se vistan tan provocativas si no quieren llamar la atención", "Es que ella se lo buscó", son las excusas con las que la gente en redes sociales quiere minimizar o, peor aún, normalizar la violencia hacia el sexo femenino, que en el peor de los casos termina con sus vidas pero que es igual de relevante cuando se les insulta por cómo se viste, por cómo se ven, por su preferencia sexual o por su origen. Es triste que para mucha gente las razones para insultar o violentar a una mujer nunca sobran, la verdad... 

"En el trabajo, cuando tenemos montajes en la madrugada, miras a tu alrededor y la mayoría de las personas que están a tu lado son hombres y debo confesar que en un montaje sí me dio un poquito de... nervio, no tanto miedo. Salí al baño (en Citibanamex) caminé por el corredor largo hasta llegar al final donde estaban los baños. Afuera había algunos hombres. Entré al baño de mujeres pero mi subconsciente me decía "¡hazlo rápido!". No pasó nada pero creo que la mayoría de las mujeres en México ya traemos esa idea de cuidarnos todo el tiempo, incluso cuando salimos de casa a la tienda de la esquina", indica Isset Águila, miembro del equipo de LDMX



Lo siguiente es una experiencia personal que, para bien o para mal, me tocó vivir (pido disculpas por escribir en primera persona, pero creo que la situación lo amerita). Hace un par de años, cuando bajaba de Santa Fe hacia el sur de la Ciudad de México, coincidí en el mismo trayecto con una chica. Yo no le di importancia, más no así esta señorita, quien al verse sola, en la noche, en una avenida sin tránsito, no dudo en pedir ayuda pues pensaba sinceramente que la seguía desde hace horas y estaba muerta de miedo. Después de casi una hora de aclarar el malentendido ante las autoridades que respondieron a la petición de ayuda (también a los vecinos hambrientos de justifica) y comprobar que el trayecto de mi trabajo a mi domicilio estaba claramente justificado, se me permitió continuar con mi viaje. Si, fue molesto, injusto y humillante pero realmente no puedo culpar a esta chica, quien semanas después presentó sus disculpas y me hizo saber el por qué de su actuar. 

Me niego a pensar que a esto hemos llegado como sociedad, a temer de una simple coincidencia, a que la caballerosidad y los modales para con las mujeres sean tomados como un estandarte machista y que una sonrisa inocente sea confundida con acoso callejero. Pero, una vez más, no puedo culparlas por estar siempre a la defensiva, siempre atentas a prevenir que esas lenguas arteras no les dirijan halagos no solicitados, que las manos de la persona de al lado no roce sus cuerpos cuando ellas no lo quieran y que los hombres, a toda hora, respeten un "no" como lo harían con un "si". Que cada vez sean menos los casos de acoso, violencia y feminicidio, no sólo en México, sino en todo el mundo. 



Todos en la firma de producción amamos y admiramos a todas las mujeres que forman parte de LDMX. No sólo se han abierto un camino sólido en una industria que malamente ha sido definida y construida por hombres, sino que se han hecho de renombre, experiencia y reputación intachable en nuestro ramo de trabajo. Algunas de ellas no sólo producen en su trabajo, sino también en sus hogares, pues tienen una familia, hijos, parejas, así como también proyectos alternos, negocios, son emprendedoras y todo lo hacen con una mano atada a la espalda. No conozco a ningún hombre que haga ni la mitad de lo que ellas hacen. Por todo ello y más, exigimos a las autoridades y a la sociedad misma que nadie más tenga que sufrir cualquier tipo de violencia, desde la que no se dice hasta la que pone en riesgo su integridad física. 

"Por ahí existe una frase que se dice mucho en el ámbito de la producción, "sin Yolanda Maricarmen". Se trata de una frase como de esas que usamos en la primaria donde no tiene necesariamente carga homófobica o machista, sino simplemente es un decir para que te dejes de quejar, pero hay ocasiones en sí hay que quejarnos, sí hay que protestar, sí hay que "Yolanda" y no por "Maricarmenes", sino porque no es justo, porque es peligroso y porque todos estamos expuestos al peligro: hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos, todos somos vulnerables ante una distracción, ante no estar despiertos y alertas; todo somos víctimas potenciales de los que aprovechan ese momento exacto en que bajamos la guardia y nos dejamos de ocupar de nosotros mismos. Los acontecimientos de estos últimos días en torno a la violencia contra mujeres no son solo un tema sino es un hecho y es una constante en la historia humana y hoy resuena más que nunca porque las mujeres nos unimos para decir ¡BASTA!. Y se nos unen los que nos aman y aman la justicia. Y es así cuando deja de ser un problema de género y se convierte problema que nos incumbe a todos, porque sólo así, cada uno lo hace propio y nos permite formar una red de contención para ayuda mutua. Esta protesta es una llamada de atención para concientizarnos de que lo que afecta y daña al de al lado algún día me pasará a mí también. Es momento de actuar de educar y de guiar de unirnos porque esta situación también es un desastre naturalmente humano. ¡Yo te cuido tu me cuidas!", finaliza Ana Paola García, managing partner de LDMX

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