Producer's Log: Cocinemos una BBQ canadiense


Por Isset Águila.

Una de las grandes ventajas de trabajar en el medio de la producción es que tienes la oportunidad de conocer muchas personas, todas interesantes y con un gran talento. Esta vez, nos tocó conocer a Roddie Mackay, un chef canadiense contratado por nuestro cliente para preparar una BBQ muy al estilo del norte de América. 

En el aeropuerto ya nos esperaba con poco equipaje, una maleta pequeña pero llena de ingredientes para preparar la famosa BBQ. Lo llevamos al hotel para que descansara ya que al otro día debía preparar 150 kilos de carne para el evento.

Aunque no hablaba español, trataba de comunicarse con todos y pasar uno que otro consejo a los cocineros que se encontraban ayudándolo. Nos dio a probar una parte de su receta secreta la que para algunos de nosotros nos recordó el sabor del Miguelito en polvo con un toque de ajo. Toda esa tarde se la paso cocinando, con movimientos coordinados y rápidos.

Al otro día temprano pasamos por él para llevarlo al evento al que participaría. Hacía frío, eran casi las 7h cuando pasamos por él a su hotel. Camino a la oficina, nos platicó que en sus horas libres aprovecho para visitar Coyoacán y comer molletes que le gustaron mucho y otras cosas muy interesantes, pero de las cuales no recordaba el nombre.



Llegamos a la oficina para comer algo antes de prepararnos para todo el día y no podía faltar la protagonista de nuestros desayunos antes del evento, la “guajolota” con un rico y caliente atole. Así que Roddie, también le “entro” a este desayuno tan típicamente mexicano para los que madrugamos. Probó el atole de arroz y su rostro cambio, según sus palabras “no había probado nada igual con un muy buen sabor y cayéndole muy bien al estómago tan temprano y con el clima frío”.

Durante 7 horas el chef Mackay preparo y sirvió ese día costillas BBQ con las cuales muchos se chuparon los dedos. Al final del día, visiblemente casando lo llevamos de regreso al hotel para descansar. Decía que aunque ya esta acostumbrado siempre terminaba con dolor de cabeza por el humo y sus manos amarillas por el carbón. Al llegar, me pidió abrir la cajuela del auto, no recordaba traer nada dentro hasta que me recordó “¡mis dulces mexicanos!” Y es que en la mañana mientras tomaba su atole en la oficina, le regalamos una botella de mezcal, pelones, polvito tipo Miguelito entre otros dulces que muy contento recibió.

Le pregunté si le había gustado su estancia en México, a lo que respondió “Ha sido corta y con trabajo, pero me gustó mucho y todo el tiempo me he sentido bienvenido, estoy seguro que regresaré el próximo año”

Crédito de foto: Ana Paola García.

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