Ese dolor que nos deja Dolores



Por Israel Zepeda


Al inicio de la última década del siglo pasado ocurrió una apertura musical inusitada en nuestro país. Al mismo tiempo que el gobierno permitió la organización de conciertos masivos en la ciudad de México, las radios de la capital cambiaron sus formatos para darle cabida a la transmisión de música en inglés, misma que fue del agrado de cientos de miles de jóvenes quienes diario sintonizaban sus aparatos receptores para disfrutar de esas maravillosas agrupaciones antes de adquirir sus producciones en flamantes CDs. Así México conoció a Metallica, Guns N' Roses, Nirvana, entre muchas otras bandas que antes sólo era posible conocer a través de cassettes pre grabados o por recomendación de algún conocido. La radio se convirtió en un escaparate internacional en el que la barrera del idioma no importaba, menos cuando eras un adolescente que comenzaba a conocer al mundo gracias a la música. 
Fue en toda esa  avalancha de propuestas y géneros anglosajones que una de ellas sobresalió del resto, dominado por sonidos crudos, guitarras estridentes o riffs épicos. Más allá de la melodía o la composición, llamó la atención por quien la interpretaba, una voz femenina que, acompañada del celtic rock, gritaba al mundo que un zombie, un muerto viviente, estaba vivo en tu cabeza. A esta letra la protegía una melodía que simulaba el rock and roll de la época, pero fue el el sonido de esa voz - y un falsete colocado quirúrgicamente - el que hacía que esta canción fuera tocada hasta el hartazgo en todos los reproductores de todo el mundo. 




Si bien ya existían desde hace años, fue hasta 1993 que The Cranberries le dijeron al mundo entero que su música había llegado para quedarse. Y no sólo su estilo alternativo/ post grunge o celtic rock fue atractivo para las masas, miles (tal vez millones) de adolescentes adoptaron el look de quien entonaba tan melódicamente los coros de la banda irlandesa, una mujer que en los escenarios se hacía llamar Dolores O'Riordan. 

Dolores Mary Eileen O'Riordan nació un 6 de septiembre de 1971 en Limerick, Irlanda. No se sabe mucho de su juventud ni cómo fue que descubrió su amor por la música, pero podríamos decir que su leyenda comenzó cuando participó en una audición para elegir al vocalista de la banda The Cranberry Saw Us en 1990. Una vez con el puesto de vocalista y de haber acortado el nombre de la banda a The Cranberries, tres años después impactaron al mundo musical con su álbum Everybody Else is doing it, so why can't we, del cual se desprende el sencillo Zombie que los hizo alcanzar los cuernos de la luna y colocarlos como una de las bandas icónicas de la década. 


Desde entonces era común topar sus videos en MTV, sus rolas en Rock 101 o wFM y sus fotos en impresos como La Mosca o Eres. Y en diciembre de 1994 pisaron el escenario del Teatro Metropolitan para presentar ante sus acérrimos fans nacionales los éxitos que los habían llevado a viajar por todo el mundo, en esos días aciagos en el que las disqueras eran unos monstruos trasnacionales y la industria musical producía dinero a raudales. De acuerdo con el público asistente, una cosa era escuchar a Dolores en un disco y otra muy diferente era vivir esos tonos tan agudos en vivo que sólo ella podía alcanzar. Bien pudieron haber llenado un Auditorio Nacional en ese entonces. Quizás un Palacio de los Deportes. Años después regresarían para promover sus nuevas producciones que, si bien contaban con sencillos que pegaron en la radio y en las listas de popularidad,  ninguna alcanzó el nivel establecido por Zombie o Linger, himnos de toda una generación. 

Muchas cosas cambiaron con la llegada del nuevo milenio. Para The Cranberries significó el fin de su era como banda y el inicio de Dolores como solista y como parte de otra agrupación llamada D.A.R.K., con las que buscaba una oportunidad en el mundo de la música mientras luchaba contra el trastorno bipolar que padecía desde hace años. Con algunos éxitos en su haber y después de algunos años de trabajo en solitario, Noel, Mike, Fergal y O'Riordan decidieron revivir a la banda que les había dado tanto y comenzaron los planes de una gira mundial. 



En abril del 2017, The Cranberries lanzaron un nuevo disco con el cual se auguraba que una nueva gira mundial parecía inminente. Pero con tan sólo unas fechas cumplidas, el tour tuvo que ser cancelado en su totalidad debido a problemas de salud de Dolores. Nadie sospechaba que nunca más la volveríamos a ver sobre los escenarios, pues el 15 de enero del año en curso (ayer, para ser exactos), la artista fue encontrada sin vida en su cuarto de hotel en Londres

Al igual que su éxito en 1993, la noticia de su muerte corrió como pólvora y aquellos adolescentes quienes se asombraron de sus capacidades vocales usaron las redes sociales para compartir su tristeza e incredulidad ante dicha noticia. Los medios, como siempre, hacen su agosto de la nota y poco tiempo pasó para que la industria musical opinara al respecto de esta enorme pérdida. Y es que no es para menos. Dolores fue un ícono para millones de personas, pues su estilo era muy diferente al que se acostumbraba en aquella época; su voz y presencia en el escenario era el atractivo principal de su oferta musical y su influencia en la siguiente generación de bandas y artistas es innegable. 

En una década en la que el grunge, el Rock & Roll y la electrónica hizo pedazos al pop, Dolores y The Cranberries se hicieron de un espacio importante y se colocaron como un referente en la industria del género "indie"; lo más importante, crearon temas que desde el inicio son clásicos atemporales que sonarán en las bocinas de los melómanos de todo el mundo. Y, por supuesto, en las oficinas de LDMX, quienes trataremos de no llorar mucho cuando suene Ode to my family, You and Me o Dreams en la sala de la oficina, que podrán ser interpretadas por cualquier persona, pero que sin Dolores, jamás sonarán igual. 



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