Visión y corazón



Por Israel Zepeda


El empoderamiento femenino, aunque muy popular en estos días, no es algo nuevo en México. Desde hace muchos años existen ejemplos de mujeres que no sólo se atrevieron a "pensar diferente" y retar a al estatus quo de la época, sino que pusieron manos a la obra y sentaron las bases de lo que, años después, sería conocido como la "liberación femenina", con lo que obtuvieron el derecho al voto, a trabajar y a no depender de un hombre. Y si, en el mundo aún existen lugares donde el patriarcado y la sumisión son cosas de todos los días, pero gracias a mujeres como Antonieta Rivas Mercado, tienen un ejemplo claro y contundente que demostró, a principios del siglo XX, que jamás existió eso llamado como "sexo débil". 

Nacida un 28 de abril de 1900 en la Ciudad de México, en plena llegada de uno de los siglos con más cambios sociales, culturales y tecnológicos en la historia de la humanidad. Su historia comienza en una familia acomodada, pues era la segunda hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado, cuyo prestigio en la capital era intachable, ya que el mismo Don Porfirio Díaz le encomendó ser el artífice del monumento que celebraría el centenario de nuestra independencia, la "columna del Ángel". 


Sus primeros años de vida fueron realmente privilegiados, pues ella, junto con sus tres hermanos, fueron educados en su propia casa por medio de institutrices. A ello se le suma sus viajes a Europa, los cuales complementaron su formación personal y profesional, lo cual dio como resultado a una joven con una visión diferente a las de la época. Más atrevida. Retadora. Transgresora. Totalmente contraria al típico comportamiento conservador mexicano. 

A los 18 años contrajo matrimonio con un inglés, Alberto Blair, con quien tuvo un hijo. Las ideas de Antonieta chocaban con las de su marido. Mientras ella siempre se mostraba inquieta y buscaba nuevas ideas y proyectos, él no pudo soportar el que su esposa no fuera la típica mujer discreta y callada de la época. Esto propició su divorcio, el cual fue un total escándalo de enormes dimensiones, lo cual ella aprovechó para relacionarse con las grandes personalidades y promesas de la cultura y el arte de México. 



Utilizó la herencia de su padre (la cual era considerable) para convertirse en una especie de mecenas del arte, pues patrocinó el Teatro Ulises, donde grandes artistas como Salvador Novo, Agustín Lazo, Lupe Medina de Ortega, Clementina Otero, Andrés Henestrosa y Xavier Villaurrutia escribieron obras treatrales y las presentaron en ese mismo lugar. De hecho, Antonieta actuó en algunas de estas producciones, en donde mostró su habilidad sobre el escenario. 

Una vez que se ocupó al 100 por ciento de ser una impulsora total de la cultura en México, formó el patronato para la creación de la Orquesta Sinfónica Mexicana, la cual estaría a cargo del Maestro Carlos Chávez. Mientras que en el rubro literario, financió la publicación de libros como "Los hombres que dispersó la danza", de Henestrosa, así como "Dama de Corazones" de Villaurrutia

Su deseo de engrandecer a México a través de las artes la hizo siempre estar en búsqueda de aquello que sumara a su proyecto. Para 1929 era muy conocida en todo el país por sus aportes y por romper todos los esquemas femeninos de la época. Actos como fumar, manejar, usar pantalones o tener el cabello corto, ella los usó como estandarte de igualdad, de empoderamiento femenino y quien lo viera como un reto o afronta de género, era su problema. Ella era una ferviente defensora de que las mujeres tenían que tener una voz dentro de ese "mundo de hombres". 

Siempre buscó la igualdad entre hombres y mujeres en cada oportunidad. Entonces conoció a José Vasconcelos, quien iniciaba campaña para convertirse en el próximo presidente de la república. Tras escuchar sus ideas y propuestas, ella quedó deslumbrada, atrapada por aquél candidato, por lo que decidió financiar su campaña y, además, fue su principal activista política y empujó por el voto de la mujer. 

Su trabajo en conjunto y la cercanía entre ambos sólo podía terminar en un romance, mismo que siempre se vio amenazado por el matrimonio de Vasconcelos. Aún así, esto no impidió que vivieran intensos momentos durante su relación. 

El proceso electoral terminó en un fraude y en la derrota para José Vasconcelos. Debido a ello, Antonieta había perdido mucho de su dinero. Sumado a la perdida de la custodia de su único hijo, no tuvo otra opción más que seguir al derrotado candidato a Francia, en donde finalmente fue su amor y no una campaña política lo que los mantenía juntos, no sin antes sustraer ilegalmente a su hijo y llevarlo con ella hacia su nueva vida en Europa. Aunque esto la llenó de nuevas ilusiones, dejar el país que tanto amaba le afectó profundamente. 

Lamentablemente, esta historia no tiene un final feliz, pues la relación no fructificó. Vasconcelos le confesó que regresaría a México para estar con su esposa, por lo que su relación con ella no podría continuar. Fue entonces que, desconsolada, caminó por las calles de París hacia la catedral de Notre Dame y, en plena víspera de una gran misa para el Papa, tomó la pistola que su amante había dejado en la casa que compartían y se quitó la vida con un disparo en el corazón. 



Así, a sus 31 años de edad, terminaba la historia de quien fue una de las precursoras e impulsoras no sólo del arte en México, sino de los derechos de la mujer en una época total y absolutamente adversa a las ideas liberales que hoy vemos con toda normalidad. Sin duda, una mujer adelantada a su tiempo, con ideas retadoras e inspiradoras cuyas acciones aún resuenan en nuestros días. 

Del 21 al 22 de abril, durante la primera edición de Open House en la ciudad de México, podremos visitar la casa que albergó a la familia Rivas Mercado. En este lugar, el arquitecto recibió a diversos artistas e intelectuales de su tiempo, mismos que seguramente estimularon la vocación de Antonieta, por lo que era normal que, una vez como adulta, fuera la madrina del arte en nuestro país. 

Esta es una excelente oportunidad para conocer y reconocer la importancia de una de las mujeres que más influyeron en el desarrollo de las bellas artes en México, sin mencionar que fue de las primeras en conocer y reconocer la importancia de la igualdad de géneros, décadas antes de que movimientos norteamericanos hicieran de esta una lucha conocida en todo el mundo. 

Para todos en LDMX nos llena de orgullo conocer a una mujer que vivió como murió, bajo sus propias condiciones. Aunque seguramente dejó este mundo con un corazón roto, después de todo lo que hizo en vida, tanto cultural como socialmente, tenía la frente muy en alto. Y así la recordaremos. 

Fuentes: El Sol de México, Wikipedia, Cultura Colectiva, Milenio, Relatos e Historias.

Créditos de foto: Revista Mira, Cultura Colectiva

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