El ritmo de su vida



Por Israel Zepeda.

Durante muchos años, la vida nocturna de la Ciudad de México era dominada por un puñado de lugares en donde se reunía todo tipo de personalidades. Uno de ello fue el Bulldog Café, un sitio que marcó a toda una generación que hoy ya rebasa los 30 años y añora las noches de tributo, las tocadas de las Ultrasónicas, Moderatto o Molotov, entre muchas otras. Era muy común escuchar entre los amigos que "hay que caerle al Bull", pues no importaba qué talento se presentara esa noche, el chiste era pasarla bien, conocer gente, ver cómo los rockeros más clavados convivían con los fresas más acaudalados y así... Era EL antro, donde las amistades se convirtieron en hermandades y donde conocer a la gente correcta te convertía en la persona más popular del momento. Por obvias razones, este sitio era un imán para músicos y creativos que lo visitaban frecuentemente por el potencial de conocer a las personas adecuadas. Y más aún si tu onda era la música y el showbusiness. Tal fue el caso de Michel DeQuevedo, artista, percusionista y cantautor, quien desde muy pequeño supo que el ritmo y la música definirían su vida.

A los tres años recibió su primer instrumento musical, una batería improvisada con maceteros y cartón. Su abuela ignoraba por completo que ese obsequio definiría su destino por el resto de su vida, pues su amor por la música creció y creció. Mi papá tenía un restaurante en Zihuatanejo cuando yo tenía apenas 8 años y una banda tocaba en el lugar. Ellos siempre invitaban a la gente a tocar sobre el escenario. Un día yo dije “yo quiero”, me trepé, tomé unos bongoes y desde ahí nació mi pasión por la música mucho más en serio", recuerda DeQuevedo

Esto lo llevó a estudiar música en la Escuela Superior de Música la carrera de percusión sinfónica, para después en Fermatta cursar las materias de Armonía Contemporánea y Canto. Después, tomó clases con Mike Portillo, quien, en sus palabras, es uno de los hueseros más cabrones de los años 80. 



"No terminé la carrera, de hecho. Me mudé a Puerto Escondido a los 20 años, pues como todo joven con dos décadas en este mundo quería fiesta y reventón, cosas que la escuela no tenía en su plan de estudios. Sumado a que institución tenía muchos problemas administrativos, los maestros no llegaban a dar clases, tenían broncas de dinero, cambios en la dirección de la escuela... todo eso me orilló a decir "ahí se ven", y que me voy a la playa", señala.

Un tío suyo tocaba en un bar llamado El Son y la Rumba y necesitaba un baterista, por lo que encontró empleo rápidamente. Esto le ayudó en su técnica, pues daba shows todos los días, hasta que en su destino se cruzó la oportunidad de verse involucrado en la producción de una cinta italiana, dirigida por Gabriele Salvatores, galardonado con un Oscar a Mejor Cinta Extranjera durante 1992 por Mediterraneo. "La producción buscaba un lugar para filmar la cinta y la dueña del bar donde tocaba se lo rentó, no sólo para los días de filmación, sino también para la celebración que marcaría el final de la producción. Gracias a ello, el productor de la cinta nos invita a realizar la música de la misma y de repente estaba en estudios musicales en Italia para grabar el soundtrack de una película de un ganador de un Oscar", señala el músico. 

Así, de ser músicos mundialmente desconocidos se convirtieron, de repente, en una sensación en Italia. La expectativa que generó el nuevo audiovisual de Salvatores convirtió a toda lo relacionado con Puerto Escondido - así se llamó su cinta - en un suceso italiano. Sobre todo en cuanto a lo musical, pues los productores decidieron que el soundtrack de la película saldría a la venta semanas antes del estreno de la cinta. Esta acción hizo que DeQuevedo sintiera, por primera vez en su vida, esa fama con la que muchos artistas sólo imaginan. 

"Imagina a un chavo de 20 años, mexicano, con ese tipo de éxito en un país europeo. No me la creía. Decidí quedarme un rato por allá así, sin chamba. Comencé a tocar con un DJ gracias a un amigo que conocí en unos toquines, eso fue por 1993. Lo que hacía era tomar mis bongoes y acoplarme al ritmo que el DJ toque. Eso convierte un set clásico de tornamesa en una experiencia más rica, con más color. De hecho, esa técnica me funcionó durante muchos años después. Junto con otra persona que toca el sax, de repente subimos a la barra, hacemos un show, nos bajamos y nos enfiestamos también. Pero ya llegaremos a esa parte..." asegura el músico. 

De vuelta en Puerto Escondido, descubre que este lugar se puso de moda por alguna razón desconocida. El turismo hippie y mochilero cambió hasta atraer a personas con más dinero. Esto lo hizo un sitio muy atractivo para los rockeros mexicanos. Fue entonces cuando conoció a muchas bandas, entre ellos a Los Amantes de Lola, pero sobre todo, a varios integrantes de La Lupita, quienes visitaban la región pues iban a conocer a un baterista. 



"Ellos tocaban en el bar Cocos, por lo que en mis descansos en mi chamba, agarraba mis bongoes y me iba a palomear con ellos, para después regresarme a continuar mi chamba. Ahí fue cuando nos hicimos amigos. Años después me regresé a la Ciudad de México y entré a Rockotitlán (el original, ubicado en Insurgentes, circa 1995). Un buen día me encontré al Bola y entre pláticas me invitó a tocar con ellos esa noche. Después, me invitaron a sus toquines del día siguiente y así, hasta que me invitaron de gira y pues que me voy de agregado cultural por varios estados de la república", recuerda. 

Y así, cómo si nada, se veía frente a miles de personas que asistían a los conciertos de La Lupita, noche tras noche. Su participación era considerada como una "aparición especial", pero gracias a esto visitó varios países, entre los que destacan Estados Unidos, Colombia, Chile y, obviamente, diversas plazas de nuestro país. 

Fue durante esta temporada cuando conoció a la crema y nata del rock en español made in México,  como Caifanes, Maldita Vecindad, Fobia, Botellita de Jerez y el Tri

"Estuve cinco años de gira con La Lupita. También participé con otro grupo llamado La Candelaria, de la cual salió otra banda llamada Molotov. Yo era muy amigo de Paco Ayala, quien tenía otra banda más llamada Perro Bomba, con Michael Sokol, hermano de Sasha. Comenzaron a hacer giras con nosotros, como grupo abridor. Ahí fue cuando me hice muy amigo de Ayala. Cuando el proyecto de Molotov comienza a tomar fuerza, me invitaron. Querían un percusionista. Acudí a varios ensayos. Incluso, el primer demo lo grabé con ellos, pero después la regué. Decidí no aceptar la invitación y pues... allá están ellos y aquí estoy yo", comenta entre risas, pues todo el mundo sabía que la banda sería un trancazo. Todos, menos él. "No, cabrón, ahora sí vas a conocer lo que es la inmortalidad", le dijo Paco Ayala al calor de un par de alcoholes, a lo que DeQuevedo le respondió sólo espetó un "Ya estás bien pedo". 

Entonces continuó con su participación especial con La Lupita, así como algunas participaciones esporádicas con Kerigma. Fue entonces cuando a Lobito, percusionista de La Maldita Vecindad sufrió de tendonitis que le cayó el 20 sobre los malestares físicos que podrían pasarle a él debido a sus actividades musicales. Fue entonces que se decidió cambiar las percusiones por la batería. 

"En conjunto con otro par de amigos formamos La Candelaria, con la cual iniciamos tratos con Azteca Music para una licencia de distribución; grabamos dos temas nuevos con fines puramente de ventas, pero la vida de esta banda fue muy efímera, ya que nos consideraban como la sombra de Molotov. Sumado a que varias de las canciones del disco eran de Micky Huidobro, el proyecto no tuvo mucho éxito", señala DeQuevedo

Fue entonces cuando su camino se cruzó con el de otra gran artista, Julieta Venegas. Justo cuando la conoce, el baterista de Julieta decide irse con Café Tacvba, por lo que él tomó su lugar como el baterista principal de Venegas. Con ella laboró durante cinco años, tiempo en el que también se enfocó en estudiar bajo y piano, pero este cambio tan drástico lo hizo sufrir del síndrome de túnel carpal, lo cual es peor que la tendonitis que lo preocupaba hace tiempo. 

"Dejé de tocar todo tipo de instrumento en lo que me recuperé, pero tuve suerte pues Julieta no tenía mucha chamba y tuve tiempo de recuperarme. A raíz de esto me dediqué a cantar, a estudiar canto. Ahí fue cuando conocí a Natalia Lafourcade y a su banda. Nos hicimos amigos, salíamos de la clase de armonía y Natalia me pedía ayuda pues “no entendía”; le costaba un poco de trabajo entender teoría en papel", recuerda. 

El baterista de la Forquetina tenía otro proyecto alterno, llamado Pulpo; después de negociarlo con él, tomó su lugar y grabaron algunos videos que tenían bastante rotación en MTV, cuyo director los apoyó mucho pues le gustaba el proyecto. Viajaron a una entrega de premios en Miami, en donde caminaron sobre la alfombra roja, justo después de Korn. Ninguno de ls reporteros sabían quiénes eran pero disfrutaban de los flashes y del spotlight. Fue una noche en la que Molotov se llevó todos los premios. 

Su vida musical se balanceaba entre dos proyectos, Pulpo y el de Julieta Venegas, mismos que atendía en la Ciudad de México. Pero el tráfico de la urbe comenzó a generarle muchísimo estrés. Tanto, que un incidente con otro conductor colmó su paciencia y decidió que no quería volver a vivir ese tipo de experiencia nunca más. 

"Pensé en regresarme a Italia, pero no me imaginaba vivir ahí. Viví algunos años en Miami cuando era adolescente, pero el gabacho tampoco me llamaba la atención. Después una amiga me invitó a irme con ella a vivir a Playa del Carmen y trabajé como gerente de entretenimiento para un antro. Mi chamba era asegurarme que el equipo de sonido funcionara, que la música fuera la adecuada y la contratación de músicos, acróbatas, etc. Obviamente, si necesitaban a una banda, pues contrataba a mi propia banda y así... Un día conocí a unos canadienses, se me prendió el foco, compré un boleto y así llegué a Toronto, en junio del 2005. Sólo empaqué mis bongoes y una computadora. Y al igual que ocurrió en Italia, en las noches me iba a buscar lugares que tocaran música en vivo, me metía y entre canción y canción pedía chance para tocar con las bandas..."

- ¿Tocas los bongoes? 

- Si, ¿Me das chance de tocar con ustedes? 

- Ahorita no, joven. Gracias. En la rola que sigue. 

Pero llegaba la rola siguiente y la siguiente y la siguiente y nada. Pero insistió, insistió e insistió hasta que le dieron la oportunidad. Fue entonces que se dieron cuenta que sabía lo que hacía, que no era un hippie con tambor. Se hizo de varios contactos, invitaciones a otros eventos y comenzó a contactarse con diversas agrupaciones. 

"Así me di a conocer por acá en Canadá. El primer año estuvo muy cabrón, no hacía mucha lana. Era el nuevo en la ciudad, todas las plazas estaban tomadas… hubo meses que decía “qué voy a comer”, vivía en una casa muy grande pero en un cuarto muy chiquito. Era un vecindario horrible, de puro drogadicto. Pagaba $200 dólares de renta al mes. Pero trabajaba en un lugar en el que interpretaba salsa con unos chavitos que no sabían tocar salsa. La vocalista era una mujer de color con un estilo muy "celiacrucezco", pero los demás eran puros chavitos. Hacía $30 dólares a la semana. Pero poco a poco me conecté con el medio...", recuerda DeQuevedo

Algo que aprendió de Canadá es que el desperdicio de unos es el tesoro de otros, pues sus amistades le comentaron que los jueves, los camiones de basura recolectaban los aparatos electrónicos, por lo que darse una vuelta a los vecindarios ricos brindaba una oportunidad única para hacerse desde una computadora hasta una televisión, totalmente gratis. Durante varias semanas hizo estas visitas hasta armas un equipo de cómputo muy completo. Asimismo, sus amigos le compartieron software adecuado para comenzar a grabar sus propias canciones, con lo que pudo ingresar al círculo musical de Toronto. "Me llamaban para bodas, eventos corporativos y proyectos más grandes, así logré tener trabajo constante. Conseguí tres o cuatro huesos a la semana, mientras que mantenía mis actividades con los DJ por las noches; al poco tiempo después conocí a una chica bien reventada y a otro amigo quien tenía una compañía de management artístico y de ahí pa'l real..." celebra DeQuevedo

Esto le trajo mejores ingresos económicos, por lo que se mudó a una zona mucho más decente, a la par que comenzó a tocar con un trío de jazz y participar en un festival de percusiones llamado Mutavi Drums Festival. Fue entonces que conoció a Erik Saint Laurent, con quien grabó un disco de jazz que gustó mucho en la radio de Toronto. Entonces llegaron las giras en diversos festivales, lo cual lo llevó a conocer a Quique Escamilla, quien lanzó un disco al que le fue muy bien; ganó un Juno, que es el Grammy canadiense. "Entonces pensé, si este guey puede, ¿Por qué yo no? ¡Yo también quiero mi Juno! Entonces comencé a escribir y a grabar mis demos, aprendí de producción musical, adquirí programas, hice experimentos y un día me di cuenta que tenía 25 canciones y era momento de hacer algo con ellas", señala el productor. 



Su proyecto comienza con la canción titulada Eres, primer sencillo que ya casi esta listo. Su plan es lanzar un tema nuevo cada mes y así hasta haber presentado todo el disco, entonces lanzará de manera oficial su material y espera realizar una gira, tanto en Canadá como en México. Por ello decidió encontrar productores, pues sabe que aún tiene mucho que aprender sobre la producción musical y de diseño de audio, pues las cosas deben sonar como deben sonar. "Si lo hago solo no estaría bien hecho. Es la primera vez que hago esto y no quiero salir con un producto a medias", indica. 

Por ello le pidió apoyo a Silvano Zetina, quien produce uno de los próximos sencillos. También buscaría la ayuda de Freddy Cañedo, quien actualmente toca con Julieta Venegas. De igual manera, verá la posibilidad de trabajar con Alex Cuevas para realizar algunas colaboraciones; de igual manera, tiene en mente a una chica que lo contactó vía redes sociales, quien es también artista y ya tiene un sencillo en línea, producida por el mismo Cuevas

"Quiero que el disco tenga aspectos de México, pues aunque no vivo allá, es parte de mi, de quien soy. México es mi país y Canadá es mi casa. Amo lo que hago, pues me permite expresarme en mi propio idioma y encontrar el éxito en un país extranjero en donde valoran mi trabajo, sobre todo ahora que Despacito fue un chingadazo mundial y en español. No fue el primero, pero sí nos da una ventaja muy cabrona para los cantautores latinos. El español está muy de moda ahora. Muy cabrón. Y me quiero colgar de este tren. Amo lo que hago. Amo hacer música. Jamás cambiaría ninguna de las decisiones que tomé, pues todas ellas me han traído a donde estoy ahora", finaliza DeQuevedo



¿Y qué tiene que ver el Bulldog Café en todo esto, aparte de que funciona como intro a esta increíble historia de vida? Pues que fue en ese lugar en donde Michel conoció a nuestro querido managing partner, Salvador Patiño, cuando éste formaba parte del staff que hacía funcionar la magia en este lugar. De acuerdo con el músico, cada vez que acudía al antro veía a Chava y a sus amigos pasársela increíble, por lo que un día se acercó a él, cruzaron un par de palabras y a partir de entonces, los une una amistad inquebrantable. 

Crédito de fotos: Michel DeQuevedo

Videos: Michel DeQuevedo

1 comment:

  1. Lo vi tocar 3 instrumentos a la vez (batería, bajo, djembe) en un festival de percusión en Toronto. Cuando se subió a tocar empezó a llover y nadie se movió de ahí Al contrario se sumó gente y más cuando se percataban que todo ese ruido salía de una sola persona

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