El arte de tatuarte



Por Israel Zepeda

No hace falta abrir un libro de historia para recordar que no hace mucho tiempo que un tatuaje era una práctica que no sólo rayaba en lo clandestino, sino que quienes portaban uno eran motivo de crítica, de rechazo. Era común escuchar que nadie te creería que eras un doctor competente con un tatuaje en el brazo o una contadora eficaz con ese dibujo en el hombro. Y menos si lo tenías en algún lugar visible. Todavía hoy existen ciertos prejuicios hacia las personas que portan orgullosos sus diseños. Afortunadamente esto ha cambiado poco a poco y sin hacer un un alboroto al respecto. El rallar tu piel ahora es motivo de identidad, de expresión artística, de convertir a tu cuerpo en un lienzo con el cual comunicas tu forma de sentir y pensar. Ya no es sólo un estilo adoptado por personas que laboran en ámbitos creativos, ya es común ver a un doctor, a un administrador, incluso a políticos que gustan de marcar su piel de forma permanente. Y como toda obra de arte, los artistas detrás de estas piezas comienzan a cobrar notoriedad, sobre todo cuando sus trabajos se salen de lo convencional, ya sea por el realismo de su trabajo o su estilo. Uno de ellos es Mr. Cráneo, de quien ya hemos comentado en un par de ocasiones en este espacio, pero es hasta el día de hoy que pudimos conversar con él para saber un poco sobre sus orígenes, su inspiración, su forma de ver a esta industria que le ha dado todo.

Su reputación dentro del medio se la ha ganado a pulso y con su pulso sobre la piel de miles de personas que desde hace más de 20 años acuden a él para que, a través de su talento, convierta una imagen en parte de sus vidas. "El apodo de Cráneo lo tengo desde que iba en la secundaria en el Valle de Chalco, en el Estado de México", dice con orgullo mientras prepara su equipo para tatuar a un cliente. Admite que no sabía que se dedicaría a tatuar en ese entonces, pero recuerda que desde muchos años antes tenía una facilidad natural para el dibujo, incluso se dedicó tres años al grafitti. Fue hasta que cumplió 17 años que se dio cuenta de que podía convertir su don en su herramienta de trabajo y forma de vida. Fue así como inició su leyenda en el mundo del tatuaje. 



"Comencé por tatuar a la gente de mi barrio y aprendí poco a poco cómo era todo este rollo. Inicié con máquinas hechizas, por que en ese tiempo (inicios de los 90) era muy difícil conseguir máquinas tatuadoras. Agarré un motorcito, una pluma, un tenedor y así me hice de mi primer herramienta de trabajo. Tiempo después me fui al Chopo a comprar mi primer máquina de bovina, hace más o menos 20 años, si mal no recuerdo. Se la compré al Piraña y así, poco a poquito hasta que comenzamos a darle bien machín", señala. 

Las personas a quienes tatuaba le presentaban a otras personas que querían tatuarse. Así fue la cadena que construyó y que lo hizo ser popular, primero con gente de su barrio, para después dar el brinco a un estudio profesional en la Zona Rosa, en donde realizó más conectes y poco a poco su popularidad creció, de ser un tatuador "indie" para unirse a la escena mainstream del tatuaje. 

"Primero estuve en el Rock Shop, que está por insurgentes, ahí fue donde comencé mi carrera en estudios profesionales. Después me cambié al Gallery. Siempre busco estar mejor, por eso solía cambiar de lugar de trabajo, de ambiente. Además, así también conozco a otros tatuadores, de quienes siempre aprendo muchas cosas, ya sea técnicas, formas, modos, etc. En mi vida he conocido a grandes artistas del tatuaje", indica. 

Al preguntarle sobre qué se siente el ser uno de los grandes maestros tatuadores de nuestro país, deja de trabajar para mirarnos a los ojos y mirarnos con incredulidad. "Mucha gente me dice que soy conocido y reconocido en la industria, pero creo que yo aún no me doy cuenta de eso, carnal", menciona con honestidad. 

"Pero la gente te busca para que seas tu quien los tatúe; has viajado al extranjero a petición expresa de tus clientes para compartir tu don. Eso indica que tu nombre es importante en el medio", le comentamos. El responde que ha tenido la oportunidad de viajar gracias a que conoce a la gente correcta, cuates del mismo medio y personas que vienen del extranjero para tatuar en México. Tras conocerlos, lo han invitado a visitarlos y darse la oportunidad de vivir ese tipo de aventuras. Así es como ha pisado Corea del Sur, Inglaterra, Noruega y los Estados Unidos. "No me siento cotizado. El que la gente presuma que yo le hice un tatuaje no me mueve el tapete. Todo está tranquilo aún...", indica. 




Todo está listo para iniciar con la sesión que tiene programada. Se pone sus guantes, prende las luces y toma su máquina para hacer los trazos iniciales del retrato que acompañará a una persona por toda la vida. Todo ello en su nuevo estudio, ubicado en Querétaro 76, en la Colonia Roma. Al comentarle sobre la evolución que ha tenido como tatuador, desde sus inicios en el patio de la casa de su mamá hasta llegar al punto donde se encuentra ahora, detalla que se siente tranquilo pues, al final del día, uno nunca termina de aprender, de innovar. Siempre hay gente sorprendente allá afuera de quien aprender cosas nuevas, técnicas nuevas o ideas fascinantes que le llaman la atención. "En esta onda del tatuaje siempre tenemos que renovarnos. Siempre nos enriquecemos del estilo de artistas muy cabrones, vemos personas que hacen cosas extraordinarias y yo estoy ansioso por aprender de ellos. En lo personal, siento que aún me falta mucho por aprender. Y quiero aprender", finaliza. 


Esto significa que tenemos Mr. Cráneo para rato. Mientras mantenga la pasión con la que hace las cosas, estamos seguros de que mantendrá su lugar como uno de los mejores tatuadores del país y a Ink the King como uno de los estudios más importantes del medio. Nos agradece el haberlo visitado, platicar un poco sobre él, su historia y su gusto por el arte y le aseguramos que habrá más visitas del equipo LDMX a su espacio de trabajo próximamente. Con un poco de suerte, podrías verlo rodar por la Roma en su Harley Davidson o en su Impala 72, tirando estilo.

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