¿Dónde están, Perros?



Por Israel Zepeda.

La gran mayoría de los mexicanos no nos dejarán mentir, la Lucha Libre Mexicana es un show como ningún otro en todo el mundo. Desde personajes entrañables cuya importancia trascendió el ring para convertirse en verdaderos iconos nacionales, hasta quienes al día de hoy mantienen viva su leyenda al portar, orgullosos, las máscaras que los hicieron inmortales. Y cómo olvidar tampoco esas rivalidades que hacían que el respetable público se levantara de sus asientos para vitorear a su gallo, para hacer sonar esas maracas gigantes, para atrapar a aquellos audaces que se aventaban desde la tercera cuerda hacia el público, cuyo corazón latía a ritmo de cada patada, acrobacia y conteo del UNO, DOS, TRES. Hay quienes lo consagran como deporte, otros más como show circense, pero todos estamos de acuerdo de que éste no sería lo que es de no ser por las personas que se suben al ring y arriesgan su integridad física para el deleite de las masas. ¿Cuántos de nosotros no disfrutamos de una buena noche de luchas en la Colosal Arena México? Que levante la mano aquél que no haya gozado con las villanías de los rudos o quien no se haya emocionado por las victorias de los técnicos. Que le hagan la  Lanza Zacatecana a quien diga que la lucha libre es una farsa, pues sólo algo hecho con mucha pasión, emoción y entrega crea héroes del pueblo y, al paso del tiempo, verdaderas leyendas. Y es a una de ellas a quien le dedicamos este espacio en este blog, pues  no podemos más que honrar a quien fue uno de los principales rivales de El Santo, el gran y  único Pedro "El Perro" Aguayo. 


Nacido el 18 de enero de 1946 en Nochistlán, Zacatecas, vivió la mayor parte de su vida en la capital de Guadalajara. No fue sino hasta 1970 que inició su carrera en la lucha libre bajo la supervisión de Cuauhtémoc "Diablo" Velasco. Desde entonces utilizaba su característico chaleco y botas, ambos enfundados en pelaje de perro, siempre con un calzón negro. 



Ningún luchador pasa a la historia sin contar con movimientos emblemáticos. El Perro contaba con la Lanza Zacatecana y La Silla, mismos que le ayudaron a conquistar varios campeonatos, como el Campeonato de Peso Ligero de la WWF. Fue el primer poseedor del cinturón, la noche del 26 de marzo del 81 y contó con el reinado más largo (826 días) y fue el campeón más viejo con 43 años y nueve meses. Además, se hizo de diversas cabelleras, entre las cuales destacan las de Máscara Año 2000 y Cien Caras, Texas Rangers (cuando hizo pareja con Ringo Mendoza), Konnan, El Globo Humano, Diablo Rojo, Black Power I y Black Power II ( con Villano III como su compañero), El Desertor y Hombre Montaña, cuando se daba el lujo de luchar en los bandos rudo y técnico. Al lado de Konnan formó una de las parejas más famosas de la empresa AAA, son especialmente recordados por sus combates contra Los Hermanos Dinamita (Cien Caras, Máscara Año 2000 y Universo 2000) con quienes tenía una rivalidad que será recordada por años.

Pero todo lo que inicia tiene un final.

El líder de la jauría anunció su retiro de la lucha libre profesional en marzo del 2001, no sin antes tener un último encuentro en el cual, después de tres caídas, perdió su cabellera ante Universo 2000
Pero el Perro Aguayo estaba lejos de quedarse sin trabajo, pues desde hace tiempo ya tenía una vida fuera del ring. Al igual que las grandes leyendas de aquella época, el Santo y Blue Demon, incursionó en el cine, en cinco producciones. Asimismo, durante los 90, junto con otros luchadores, había fundado la AAA, institución a la que perteneció hasta el año 2000



El deceso del Perro se da a cuatro años de que su heredero, el Hijo del Perro Aguayo, sucumbiera ante las heridas de una batalla y falleciera en plena lucha, arriba del ring. Este fue un duro golpe para la familia, así como para los Perros del Mal y sus miles de fanáticos, pues el Can de Nochistlán sufría del Alzheimer avanzado, el cual fue notorio durante el velorio de su hijo. Triste e irónico final para quien hoy es recordado como uno de los personajes más emblemáticos de una tradición mexicana tan arraigada en nuestra sangre como lo es la representación de la lucha eterna entre el bien y el mal, encarnada por personajes que entrenan durante años para el placer de quienes gustan sentir la emoción que emana de la lucha de todos estos gladiadores. 

Descanse en paz el gran "Perro" Aguayo. Que la dupla que se reúne en el más allá inspire a nuevas leyendas del ring. 

Fuentes: Milenio, Medio Tiempo, Wikipedia.

Crédito de fotos: El Comercio, Prensalibre.com, Televisa Deportes, Milenio.

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