Es hora de morir



Por Israel Zepeda.

Para que una película alcance el grado de "cinta de culto" requiere de cumplir ciertas reglas no escritas, pero que terminan por estar presentes de alguna u otra manera. Blade Runner, por ejemplo, no fue un éxito instantáneo cuando se estrenó en el año de 1982. Dirigida por Ridley Scott, estaba basada en la obra del escritor de ciencia ficción Phillip K. Dick y tomaría un poco de tiempo para que el público la convirtiera en el fenómeno pop que es hoy en día. Eso resulta curioso, pues la cinta, que nos muestra un futuro oscuro y distópico, llegó a tiempo para convivir con otras propuestas de ciencia ficción de la épica, como Star Wars. Sumado a ello, compartían a Harrison Ford como el protagonista de ambas historias. Si bien la fotografía, el concepto y el guión fueron elementos clave para que la película se convirtiera en un referente del género, hace falta mencionar a otro elemento clave de esta trama, el villano. Un personaje que se convertiría en uno de los antagonistas más memorables, temidos y respetados de toda la ciencia ficción, no sólo por su origen y su propósito, sino por su presencia, su significado. El replicante Roy Batty sólo podía ser interpretado por alguien que pudiera controlar tanta intensidad en pantalla. La responsabilidad de esta tarea la tuvo un actor que, hasta ese entonces, sólo era conocido en su natal Holanda, pero era un desconocido para el mundo entero. Su nombre era Rutger Hauer y este papel le significó todo en su carrera. 

Ya gozaba de mucha popularidad en su tierra desde 1969 gracias a Floris, una serie de caballeros medievales, así como por el éxito de Delicias Turcas, una trágica historia de amor entre un artista bohemio y una chica burguesa, nominada en 1973 al premio Oscar a la mejor película de habla no inglesa, la cual le abrió las puertas del cine. Poro fue hasta nueve años después que Hauer entró por la puerta grande a la meca del cine gracias a su interpretación del replicante, cuyo monólogo final, titulado Lágrimas en la lluvia ya forma parte imborrable de la literatura de ciencia ficción. Con el pelo platino y una presencia física imponente, consiguió transmitir la desesperación del androide que debe ser “retirado” de la circulación por el policía que interpreta Ford

Miembro de una familia de histriones, Hauer se había hecho del Globo de oro por La escapada de Sobibor en 1987, una cinta producida por la cadena británica ITV, la cual relata el levantamiento de los prisioneros en el campo de concentración del mismo nombre. En su país trabajó a las órdenes del director Paul Verhoeven, otro de los creadores fílmicos más prolíficos salidos de Holanda. Ya había trabajado con él en 1977, en la cinta Soldado de Orange, otra cinta sobre la ocupación nazi en su país. 



Una vez que el éxito de Blade Runner en la década de los 80 se consolidó, se mudó a los Estados Unidos para trabajar tanto en cine como en la televisión. Siempre le ofrecían papeles de villano, nazi, psicópata, por lo que él admitió para el periódico Het Parool que "cuando eres el villano eres libre de hacer lo que se te de la gana. No temo explorar mi lado obscuro". Esto lo llevó a trabajar con George Clooney en Confesiones de una mente peligrosa durante el 2003 y en la reinvención del hombre murciélago en Batman Begins, bajo la dirección de Christopher Nolan durante el 2003; en Sin City de Robert Rodríguez en el 2005, como un cardenal pederasta y, en el 2011, en El Secuestro de Alfred Heineken, como el magnate cervecero. Curiosamente y, con todo y que tuvo una carrera como actor realmente envidiable, lo que más lo hacía orgulloso era el haber fundado la fundación Starfish, con la cual apoyó a niños y madres en su lucha contra el sida. 

Uno de los últimos papeles en donde pudimos verlo fue en la cinta de ciencia ficción Valerian and the City of a Thousand Planets, de Luc Besson, así como en el videojuego Kingdome Hearts III, en donde le presta su voz a Master Xehanort



Hauer actuó en 173 producciones, pero sólo le bastó dar con un papel para que fuera recordado para siempre como uno de los mejores actores de su generación y como el rostro de uno de los personajes más complejos y admirados de la ciencia ficción. Un androide quien, al final, termina por mostrar mayor humanidad y sensibilidad, no sólo por su último gesto en la historia, sino por el discurso con el que se despide. Si bien sus acciones hablan por sí mismas, el contundente mensaje resonará en la industria del entretenimiento para siempre. 

"He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar. Naves de combate en llamas en el hombro de Orión. He visto relámpagos resplandeciendo en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, igual que lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."



Fuentes: Infobae, El País, Wikipedia, El Universal, IMDB

Créditos de foto: El País, IMDB, SyFy, ElCultural, TheVerge

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